10 consejos básicos a la hora de tratar con un traductor

 
 
A raíz de esta entrada y de esta otra y basándome en mi experiencia como traductora en potencia, he decidido redactar mi propia lista de consejos que hay que tener en cuenta a la hora de relacionarse afectiva o amistosamente con un traductor (o futuro traductor, o traductor potencial).

*Antes que nada, y debido a las críticas en los comentarios, quiero aclarar que esta entrada es simplemente una exageración de la realidad para provocar algunas risas entre personas que sí se sienten identificadas con estos puntos. En ningún momento he querido pecar de soberbia, creerme superior, menospreciar a los demás o dar lecciones de nada. Si no entendéis el sentido del humor de lo que he escrito, lo siento. Simplemente es mi opinión, como digo, bastante exagerada.

 
 
 
1) Por favor, no confundáis «traductor» con «intérprete». Los traductores podemos ser también intérpretes y viceversa, pero son cosas distintas. Un traductor traduce texto, de forma escrita. Un intérprete “traduce” un discurso, conversación o ponencia, de forma oral. Mientras que el traductor puede trabajar desde su casa, el intérprete tiene que enfrentarse al trato humano y al pánico escénico. Por eso yo prefiero no ser intérprete, si puedo evitarlo.

2) No discutáis con nosotros sobre cuestiones idiomáticas (ni del español ni de ningún otro idioma que dominemos). A los traductores nos encantan los idiomas, estamos casi obsesionados con ellos. Siempre intentaremos aprender uno nuevo o mejorar en otro que ya conozcamos, y sabemos bastante. Por ello, ni se os ocurra contradecirnos a no ser que estéis completamente seguros de que lo que decís es así. Un traductor es capaz de encontrar en un momento cinco fuentes distintas que apoyen su teoría, y otras tantas que refuten la vuestra si es incorrecta (que para eso estudiamos Documentación en la carrera y la practicamos diariamente). Esto se aplica a normas ortográficas, puntuación, acentuación y pronunciación, entre otras. Doy fe de que la gente se empeña en discutir conmigo cómo se pronuncian determinadas palabras en inglés, y me enerva. Vamos a ver, primero: si no tienes ni idea, no digas nada; segundo: si te doy pruebas fonéticas de que lo que me estás diciendo no se pronuncia así, sino como yo digo, no me sigas contradiciendo; tercero: si tú no tienes pruebas ni tampoco tienes ni idea de cómo leer fonética, no tenemos más que hablar.
 

3) No os sorprendáis (bueno, no salgáis huyendo) si nos veis emocionadísimos en la planta de diccionarios y manuales de consulta de cualquier librería o lugar donde haya una alta concentración de libros yendo de acá para allá y comentando las maravillas de la nueva Ortografía de la RAE, del estupendo Diccionario Redes o del ideal librito de verbos Bescherelle. Así como a vosotros os hace mucha ilusión una figura, poster, camiseta, película o nuevo disco de vuestro grupo favorito, nosotros amamos los diccionarios y los manuales de consulta por encima de [casi] todas las cosas (a pesar de que a veces nos den más penas que alegrías) y los consideramos un regalo estupendo (*guiño guiño*), mientras que vosotros fruncís el ceño y decís por lo bajini: «bueno, si a ti te gusta…».

4) También amamos los libros, y por supuesto leer. Eso es un hecho y uno de nuestros mayores pasatiempos. Podríamos pasarnos la vida leyendo (de hecho lo hacemos, aunque no siempre leemos lo que nos gustaría). Y ¡ojo! Los traductores leemos en el idioma original siempre que sea posible. Bastantes chascos nos hemos llevado ya, que parece mentira que no estemos curados de espanto. Aunque a veces nos vale el dicho de «Ojos que no ven, corazón que no siente» si leemos un libro traducido y nunca jamás en la vida leemos su versión original. Pero como eso es poco probable que ocurra, al final nos llevamos muchísimas decepciones, indignaciones y rabietas. Si a vosotros no os gusta leer, podemos llegar a entenderlo, pero respetad nuestro pasatiempo. No os pongáis a hacer cosas ruidosas cuando queramos disfrutar de nuestro [escaso] tiempo libre de forma tranquila. Entended también que leer es un pasatiempo solitario y que si os ponéis a hacer cualquier otra cosa al lado que no implique quedarse quieto y en silencio, puede que nos moleste.

5) Derivado del punto anterior, los traductores somos críticos. Muy críticos. Estamos cansados de encontrar traducciones pésimas, traductores que parece que los acaban de sacar del colegio, cosas de cajón que están mal, falsos sentidos y de decir o pensar cosas como: «mi prima de cinco años podría haberlo escrito mejor», «esto no significa lo que pone aquí», «pero cómo puede haber pasado esto por alto», «está claro que esto es una frase hecha y lo han traducido literalmente», «quién narices le ha pagado a esta persona por hacer esta cosa a la que denomina trabajo» y un largo etcétera. Sí, nosotros siempre lo habríamos hecho mejor (eso sí, habría que vernos). La verdad es que leer un libro en su versión original y luego leer su traducción (o viceversa) es una de las peores experiencias para un traductor. Nos duele el alma. Benditos seáis los demás, que vivís ajenos a este suplicio. Por lo tanto, no os toméis a mal nuestras críticas. Son constructivas, aunque nos indignemos.
 
 
6) Obviamente, nuestro único pasatiempo no es leer. También nos suele gustar el cine (aunque después de pisar el mundo de la traducción audiovisual, muchos pueden acabar bastante desencantados con el séptimo arte). Y al igual que pasa con los libros, los traductores vemos las películas y las series en versión original. Si os gusta que os lo den todo masticadito y doblado o no os gusta leer subtítulos (en el idioma original, por supuesto, que eso de leer subtítulos en español, sobre todo si se han descargado de alguna página de internet, es el pecado más mortal y una total aberración), mejor no veáis películas ni series con un traductor. Y si este cede a vuestras súplicas, ateneos a las consecuencias: «eso no se dice así, lo han doblado mal», «se están inventando los subtítulos», «por Dios, eso es un calco como una catedral», «no ha dicho eso», y otro largo etcétera. Tema aparte son las adaptaciones literarias al cine. Lloro, con eso os digo todo.
 

7) Como decía, a los traductores también nos gustan otras cosas aparte de los libros y los idiomas. En el fondo somos personitas con sentimientos, así que nos puede gustar cualquier otra cosa que le guste a una persona normal. Quiero decir… bueno, ya me entendéis. Nos pueden gustar los deportes, tocar un instrumento, los videojuegos, salir de fiesta, ir de acampada, ir a museos, la moda, comer kebabs… esas cosas. Ni nos pasamos el día encerrados en casa, ni somos unos frikis gafapastas. Los habrá, y no hay nada malo en ello, pero no todos somos así. No nos estereotipéis ni tengáis miedo a compartir vuestras aficiones con nosotros o a invitarnos a hacer cosas diferentes. A veces estamos cansados de leer (en eso se basa el 99 % de nuestro trabajo) y queremos pasar nuestro tiempo libre haciendo otra cosa.

8) Nunca, nunca, jamás en la vida se os ocurra decirle a un traductor que las máquinas le sustituirán. He oído la misma frase cientos de veces y me hierve la sangre: «pero, ¿para qué estudias eso? ¡Si Google Translate puede hacer tu trabajo por ti!». Pero vamos a ver, señores, un poquito de sentido común… ¡¿Cómo es posible que una máquina pueda hacer el mismo trabajo que una persona?!. Para empezar, la máquina no piensa, es una má-qui-na. Vosotros, inocentes e inexpertos no-traductores, no os dáis cuenta de la complejidad del lenguaje, por eso no lo entendéis… pero resumiendo, os voy a revelar uno de los puntos básicos de la traducción: el contexto. Sin el contexto, no somos nadie. Y  con Google Translate pasan dos cosas: 1) Como es una má-qui-na no puede pensar y traduce lo que le han dicho que traduzca. 2) Puede haber infinitos contextos en el mundo, tantos como textos, por lo tanto es imposible que una má-qui-na pueda tener almacenado en su «cerebro» de metal cómo traducir cada cosa en cada contexto. Ahí entra nuestro papel humano. Nosotros sí podemos pensar, podemos situarnos en el contexto del texto y decidir cómo traducir cada cosa. Por eso las máquinas nunca nos sustituirán.
 

9) Tampoco se os ocurra decirnos que nuestra carrera no tiene salidas. Sois un poco obtusos si creéis eso. Y por esa regla de tres, ninguna carrera tiene salidas. Todo depende del momento y de la persona. Puede que algo parezca no tener salidas ahora, pero quizá dentro de X años tiene miles, o puede que pase al contrario. Y puede que os topéis con muchos traductores mediocres que os dirán que «de la traducción no se vive». Mentira. Si uno es un buen traductor y hace bien su trabajo, puede vivir de ello perfectamente, ¡hombre ya!. Nuestra carrera en concreto tiene muchas más salidas que las cuatro que la gente nos impone. Hay todo un mundo relacionado con la traducción y la interpretación, un mundo muy amplio. Así que aplicaos esta regla de oro, para esto y para todo, no-traductores: no habléis sin saber. Y traductores: sed un poquito optimistas.

 

10) No somos diccionarios andantes ni trabajamos gratis. No tenemos por qué saberlo todo ni por qué tener ganas de explicarlo todo. Si tenéis una duda, mirad en un diccionario, en un manual o en internet. Y si después de todo eso veis que no encontráis respuesta, preguntadnos, pero sin exigencias. Tampoco nos gustan los: «oye, mira, tradúceme esto, que tú sabes inglés y no tardas nada». No somos sirvientes, nuestro trabajo también nos cuesta tiempo, y nuestro tiempo es dinero. Por más que a vosotros os parezcan dos líneas, tres páginas o un párrafo de nada,  los traductores cobramos por palabras, así que estamos perdiendo dinero haciendo traducciones «de favor». Pero como somos buenos, no solemos decir que no a ciertas personas. ¡Así que no abuséis!

Esta viñeta de Mox ilustra lo que quiero decir.
A pesar de que por todos estos puntos pueda parecer que los traductores somos bordes, exigentes, impacientes o que nos enfadamos con facilidad, no es del todo así. Tenemos nuestros momentos, como todo el mundo, pero somos muy buena gente, agradables, simpáticos, inteligentes, perfeccionistas, curiosos, sabemos muchas cosas, podemos hablar de muchas otras, siempre estamos dispuestos a resolver las dudas del prójimo, a revisar cosas, a hacer puntualizaciones y a colaborar cuando sea necesario. Vamos, que quien tenga a un traductor en su vida, tiene una gran fuente de información, además de una joyita que debería cuidar bien 🙂
 

Dedicada a todos los compañeros traductores que tan bien entenderán todo lo que os cuento

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¿Cómo y por qué rechazar un servicio?

QUISIERAMOS COMPARTIR UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE. HABLA ACERCA DE UN TEMA QUE SE DEBIESE CONSIDERAR EN TODAS LAS PROFESIONES.

SALUDOS A TODOS DE PARTE DEL EQUIPO DE TORRE DE BABEL TRADUCCIONES LTDA.

(fuente:http://elimilmariposas.blogspot.com/2012/05/como-y-porque-rechazar-un-servicio.html)

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¿Cómo y por qué rechazar un servicio?

Ya sabemos que no siempre se puede decir que sí y, además, también tenemos muy oído eso de ‘hay que aprender a decir que no’. Pero, ¿cómo decir que no a un servicio de interpretación? Creo que esto es aplicable también a la traducción y mientras preparaba esta entrada me encontré con esta otra muy interesante.
De lo primero que tenemos que ser conscientes es de que decir que NO tiene consecuencias (podemos coger fama de ‘rechazadores’ y que dejen de llamarnos), pero tampoco hay que alarmarse, si se rechaza un servicio puntual de forma correcta, no tiene porqué tener consecuencias tan radicales.
Entonces, veamos cuales son los motivos que podrían llevarnos a rechazar un servicio:
. El servicio está fuera de mis competencias.
Puede que el tema sea desconocido para nosotros y por ello nos vaya a resultar mas complicado llevarlo a cabo o nos piden algo que no sabemos hacer o no nos sentimos capacitados para ello. Por ejemplo, se supone que los ILSE sabemos SSI, pero algunos no nos sentimos en absoluto capacitados para interpretar a SSI.
. El servicio atenta contra el código ético.
Dedicaré alguna entrada al código ético del ILSE profesional más adelante, pero en general, si un servicio atenta contra cualquier punto de este, es lícito rechazarlo, que para algo existe un código ético.
. El servicio atenta contra mi dignidad.
Quizá este punto sea un poco peliagudo, pero ningún profesional debe sentirse mal con un trabajo, ningún trabajo debe atentar contra nuestros principios o nuestra dignidad. Y, si sabemos de antemano que el servicio nos va a causar estos problemas, es mejor rechazarlo.
. El servicio no entra dentro de mi ámbito profesional.
Como ILSEs es posible que en algunas ocasiones se nos pida realizar otras funciones pensando que nosotros estamos preparados para ellas, por ejemplo, que nos pidan ejercer como mediadores. Yo admiro el trabajo de los mediadores, pero considero que no tengo ni la madera ni la formación suficiente para ejercerlo, con lo cual considero más ético rechazarlo.
. No se respetan las condiciones adecuadas para el servicio.
Está claro que tenemos que ser un poco flexibles, pero hay algunas condiciones que como ILSES profesionales podemos exigir, como son una tarifa adecuada, información sobre el servicio, un lugar desde el cual interpretar, unas condiciones técnicas… Si consideramos que nos falta alguna de estas condiciones indispensables, no podremos realizar un servicio de calidad y estaremos “vendidos” y eso no nos interesa en absoluto.
. Falta de tiempo.
Si el servicio nos coincide con algún otro trabajo, físicamente es imposible realizarlo… Hasta la fecha, y por desgracia, no somos omnipresentes.
¿Cuáles son las claves o pautas para rechazar un servicio? 

Pues sobre todo, usar el sentido común. Creo que de forma educada y transparente hay que explicar los motivos por los que queremos rechazar el servicio y aunque finalmente no seamos nosotros quienes vayamos a realizar el servicio, creo que nunca está demás preocuparse por él.
A veces nos llaman de agencias o federaciones que tienen mucho contacto con ILSes, pero si no es así, lo más adecuado es ofrecerles algún contacto que nosotras tengamos. A la persona que nos quiere contratar le será de gran ayuda y seguro que nuestros colegas también nos lo agradecen.
Y el último paso sería ofrecernos para futuras ocasiones, quizá no sea necesario (o no nos parezca a nosotros), pero es una manera de recordarle al cliente que aunque te hayas visto obligado a decir que no, estás a su disposición.
Tener que decir que no a un servicio a última hora.

Esto quizá es más grave, pero nos puede pasar, por ejemplo por estar enfermos.
Si esto nos pasa y es posible aplazar el servicio de interpretación, genial, ¿pero y si no se puede aplazar?
Pues solo nos queda avisar y tratar de ganarnos el cielo moviendo todos los hilos que podamos para conseguir a alguien que lo haga.Los expertos en temas de autoestima dicen que la dificultad de decir que no radica, principalmente, en ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, nos es difícil cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.
Y claro, a todos nos gusta ser encantadores, pero podemos decir que no con una sonrisa y seguir siendo encantadores, ¿no?

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Traducir es un acto de amor

Traducir es un acto de amor

Juaquin Marta Sosa

 

 

La presentación de Amante, el poemario de Rafael Cadenas, en la traducción al italiano que debemos a Ana María del Re, me suscita un sentimiento fundamental.

Salvatore Quasimodo escribió que la poesía es “el arte de renovar al hombre”.

Añado que la traducción de poesía es el intento de ampliar esa renovación a espacios humanos de otros lenguajes, y si dicha traducción no ocurriera quedarían irremediablemente al margen de esa posibilidad renovadora. Dándole vueltas a esta penetrante idea de Quasimodo, he concluido que toda renovación es también un acto de amor. Así, en su fondo esencial, la traducción no es sino la expresión de un profundo acto de amor: amor a la escritura que se traduce, amor a la lengua a la que se traduce y a la que es traducida, amor al arte del poeta que se traduce. Sin esta relación de amplio enamoramiento, de profunda pasión amorosa, ninguna traducción sobrepasa la condición del catálogo de artículos domésticos de línea blanca.

Cuando la traducción se convierte en otro poema ­que no otra cosa es la traducción­ tan valioso, tan importante, tan significativo, como el original, capaz de hace vibrar las mismas redes emocionales en el nuevo lector, el que tiene ante sí la traducción, como lo logró en el lector primero, el que recorrió el poema en su texto original, estamos ­insisto­ frente a un acto y una fuerza de amor: esa fusión de dos, el poeta que escribió y el que lo traduce, que se convierten en uno con el texto que florece en la traducción, es, diría Octavio Paz, un hecho erótico pues en toda traducción alienta siempre esa “llama doble”, a la que él aludía como expresión de lo amorosoerótico, la que presta el texto en su lengua primera y la nueva realidad en su lengua segunda; el original, el fundante, y el que desde ése emerge en la lengua que, gracias al traductor, lo acoge en una vida nueva y renovada.

Un poeta árabe, Al-Mutamid, hablaba de estos encuentros de poeta y traductor en versos espléndidos: “Arder lentos / en el encuentro de amor”.

Y para mí tiene absolutamente toda la razón pues creo firmemente que frente a la vieja idea descalificadora de los traductores, a los que se tachaba de traidores (traduttore / traditore), más bien habría que decir que el traductor es un amante y que la traducción es un arte de amar. Nunca, entonces, tan bien aplicada esta afirmación a un poemario cuyo título es Amante.

Este título puede que para algunos se preste a equívocos, y se aproxime a sus páginas creyendo que verá manar de ellas “la leche y la miel” a la que se refería la Sulamita en El Cantar de los cantares. Pero se encontrarán con una escritura estremecedora donde el amor está mucho más allá de la miel, más allá de los huesos y de la carne y de la sangre. Es el amor que toca la realidad emocional, sentimental, moral, espiritual de la comunión humana más decisiva, la del amor del amante que trasciende al amante para nutrir con más fuerza y tensión las verdades de todo aquello que, sin perder individualidad y perfil, al contrario, acreciéndolos, nos hace unidad y fusión en la multiplicidad.

A fin de cuentas toda escritura conlleva una traducción, la que intenta trasvasar lo que se siente, lo que se ve, las cosas que nos circundan, y que gracias al lenguaje que “los traduce” y acerca se nos convierten en nuestras, en posesión. Creo, pues, que la traducción implica por sobre todo esa virtud, la de adentrarnos en la posesión de aquello que de otra manera sería abstracción genérica, intangibilidad, fantasmagoría.

Adentrándonos en esa senda, puedo citar palabras de Anne Sexton. Decía ella que “la poesía consiste en encontrarse con unos muebles y convertirlos en árboles y en bosques”. Por consecuencia, el traductor ­me parece­ sería aquel que al encontrarse con esos muebles convertidos en árboles y bosques, transfiere los árboles y bosques a otros mares, a otros jardines, a otros territorios, a otras estaciones, y esos árboles y bosques que antes fueron muebles, florecen otra vez con igual poder y con la misma fertilidad en esas tierras nuevas. Quizá sea esto lo que quiso decir Eugenio Montale en un poema que tangencialmente pulsaba este tema: “Tráeme el girasol / para transplantarlo en el terreno salobre, / tráeme el girasol / enriquecido de luz de tu vida, / sangre tuya en mis venas”.

No puedo sino pensar en que el traductor debería caer en cuenta de que al final del trabajo sus venas están recorridas, henchidas, pletóricas de la sangre poética de aquel al que acaba de traducir. Por si fuera poco, el traductor va incluso un paso más allá del que dio el poeta. Para explicarme me valgo de Miguel Ángel. Decía él, enfrentado a la mole de piedra: “No, no soy yo quien hace la escultura, la escultura está ya en la piedra, y cuando la voy cincelando es ella la que me habla para que descubra la figura que está allí, que ha estado allí desde siempre, desde que la piedra es piedra”. Acaso el traductor es el que emprende la tarea no de encontrar una piedra para descubrir el poema que lleva en sus entrañas, sino la de atinar con un poema dentro del cual debe descubrir el mismo / otro poema que lo siga siendo en otra lengua, la extranjera, ajena, disímil, distinta, que termina por transformar en propio, incluso en original.

De allí que un poeta que también es traductor, Valerio Magrelli, ha confesado de este oficio de traductor que así: “este trabajo / me ha cansado / de tal modo que tengo el cuerpo agotado / y el espíritu rendido”.

Al poeta suele ocurrirle, cuando termina un poema, la enormidad de un alivio, pero cuando el traductor concluye su trabajo, por lo que debería clamar es por un lecho donde reposar el resto de su vida, porque sus huesos han quedado literalmente molidos, sobre todo los huesos emocionales, los más sensibles del cuerpo y del alma. De este modo sólo podemos confirmar que todo traductor de verdad, también es autor de aquello que traduce. Y todo poeta mayor necesita de traductores superiores. Rafael Cadenas es un poeta mayor que encontró en Ana María Del Re una traductora mayor, y ésta sintió en Amante, como lo hemos sentido todos sus lectores, un poemario que va a resistir cualquiera de las pruebas a la que lo someta el tiempo.

Decía Jorge Wagensberg que todo buen traductor sugiere, cuida, aprovecha, insiste en su capacidad para ser olvidado. Pero no a todo traductor se le cumple ese deseo.

Así, Cortázar jamás será olvidado en su traducción de Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar. Tampoco lo será Pedro Salinas en la suya de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. De mi parte me atrevo a testificar que así como Amante no será olvidado, ni Cadenas por este poemario ni por el resto de su obra, la traducción de Ana María del Re tampoco lo será.

Parafraseando a Odysseas Elytis, el gran poeta griego, asevero que toda escritura y todo escritor, todo poema, toda traducción creadora y todo traductor de altura, valen por un propósito definitivo, sean concientes o no de él: impedir que el olvido y la muerte tengan la última palabra.

(Este texto fue leído en el Instituto Italiano de Cultura en la presentación del poemario Amante de Rafael Cadenas, en su traducción al italiano por parte de la poeta Ana María Del Re, publicado bajo el patrocinio de Trefymaca C.A. en el sello bid&co editor.)

fuente:talcualdigital.com

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Se buscan Traductores para………….¿Fraudes? (GDT- Grupos de Delitos Telemáticos)

Quisieramos compartir con ustedes un articulo muy interesante que se publicó en la página de GDT que habla acerca de los fraudes hacia los traductores.

(FUENTE: https://www.gdt.guardiacivil.es/webgdt/popup_alerta.php?id=200)

 

 

¡Hola amigos!, aquí estamos de nuevo para advertiros de un nuevo fraude. Esta vez dirigido a un sector tan numeroso como desconocido, los TRADUCTORES. Y es que algunos de vosotros os preguntaréis ¿qué interés pueden tener los “malos” en los traductores? La respuesta es mucho, y es que gracias a la difusión de los fraudes en la Red, cada vez hay más usuarios que los detectan antes de convertirse en víctimas. Hemos hablado otras veces sobre cómo reconocerlos….. ofertas demasiado irresistibles, pisos en el extranjero, solicitud de datos personales o bancarios,……. y por supuesto las traducciones de “Google”. Hemos repetido varias veces que habitualmente los estafadores se encuentran fuera de España, y que por ello no dominan el lenguaje. Hasta ahora, hacían lo que podían con los traductores automáticos, que han mejorado mucho, pero no son perfectos. Ésto, ofrecía a los usuarios una vía relativamente sencilla para identificar los posibles fraudes. Una mala redacción suele ser sinónimo de un intento de fraude. Pues bien, los “malos” se han dado cuenta, y se han profesionalizado utilizando traductores oficiales para sus actividades. ¿Qué cómo van a lograr que un traductor se preste a esto?, pues como siempre……con el engaño.

Resulta que la semana pasada, revisando nuestro correo, vimos una oferta de trabajo que nos llegó a través de uno de los múltiples portales de empleo que existen. La verdad es que pintaba muy bien, persona responsable, con DNI español, solicitando una serie de traducciones de documentos empresariales al español. El salario no estaba nada mal, 1.500 € tras finalizar la traducción de todos los documentos. Y además el pago se realiza por transferencia bancaria…… vamos, que seguro que no es un fraude. Así que, con toda nuestra buena voluntad, y con el deseo de ganar ese dinerillo extra, nos ponemos manos a la obra a traducir contratos, documentos empresariales, certificados, títulos de propiedad, etc.

Una vez acabado el trabajo, informamos a nuestro cliente, y éste nos dice que va a proceder a realizar el pago, y que tan pronto este hecho, nos envía un resguardo de la transferencia para que le remitamos los documentos traducidos. Dicho y hecho, al día siguiente recibimos en nuestro correo el recibo del pago, enviamos los documentos a nuestro “jefe”, y nos dirigimos raudos y veloces a comprobar que se ha ingresado el dinero en nuestra cuenta……. ¡Maldición!……..¡NO HA LLEGADO!. Hablamos con el banco y nos dice que suele tardar unos 2 o 3 días. Pero el problema, es que en nuestro caso NO VA A LLEGAR NUNCA, porque nos han engañado. Si amigos, si miramos con detalle el supuesto resguardo del pago, observamos que está manipulado, y que por supuesto no vamos a recibir ningún dinero. Menos mal que era español, y podemos localizarle……………….¡JA!, resulta que ese DNI es de otra víctima a la que también engañaron, y no sabe ni de qué le hablamos. Así que, como no hemos firmado ningún contrato, ni sabemos quien nos encargó el trabajo, nos quedamos sin cobrar. Bueno, al menos no hemos perdido dinero, solamente unas horas de trabajo si es que no hemos utilizado el traductor automático, y si lo hemos hecho….minutos. No hay de qué preocuparse, ¿verdad?.

¡Error amigos! Estamos contribuyendo a aumentar la calidad de otros fraudes, cuyas víctimas sí perderán su dinero. Así que ya sabéis, por muy bien redactado que esté el anuncio o la oferta de empleo no debemos fiarnos, puede ser un fraude. Utilicemos el sentido común, y el refranero español……… nadie regala “duros” a cuatro pesetas, o su versión moderna con euros y céntimos. Y por supuesto, cuidado con los trabajos chollo de traductor, especialmente si se trata de contratos, escrituras de propiedad….etc. Pude ser que estemos ayudando a los “malos” sin saberlo. Si habéis detectado algún fraude similar os esperamos en la web del GDT, donde podréis explicarnos vuestro caso. Y si estáis “enganchados” al móvil podéis utilizar nuestras aplicaciones para iPhone, Android, o Windows Phone.

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El trabajo de escribir en la oscuridad – Por Dolores Caviglia – INFOBAE.com

Traducir una obra literaria no es pasar las palabras de una lengua a otra. Son muchos los aspectos que deben estudiarse e internalizarse para lograr la escritura del libro ajeno. A continuación, un análisis sobre una figura que no siempre pasa advertida

El trabajo de escribir en la oscuridad

La tarea del traductor literario lejos está de ser la de traspasar una obra de un idioma a otro. Ser bilingüe o multilingüe no basta para lograr un sincero trabajo que comunique aquello que el autor intenta transmitir a quienes se dispongan a leer una de sus historias.

Los pasos a seguir son varios y arduos. Se debe conocer el contexto en que la trama tiene lugar así como el de producción; hay que internalizarse en la cultura de la época para reconocer estructuras gramaticales típicas y encontrar su correlato más pertinente con el objetivo de permanecer la más fiel posible a la intención; y, por sobre todo, hay que saber lidiar con el fracaso anunciado, porque la traducción literal no parece algo posible.

Confiar en que una misma palabra tiene su correlato exacto en otro idioma es algo inocente. Si bien así es cómo usualmente se aprende una lengua extranjera, parece ser más una convención necesaria que una certeza. El lingüista suizo Ferdinand de Saussure entendía la lengua como un sistema que se relaciona y define por oposición, y no por características propias. El valor de cada palabra proviene de sus relaciones y es justamente esta idea la que dificulta la traducción. Es que cada término significa dentro de este sistema, pasarlo a otro es cambiarlo.

El idioma de los esquimales puede ser un buen ejemplo para comprender este concepto. Debido a las regiones árticas que habitan estos pueblos indígenas, la nieve tiene un protagonismo en la vida diaria que se descifra en la cantidad de términos que dispone su lengua (cerca de 30) para decir lo que para nosotros es tan solo “blanco”.

En Italia existe una expresión popular que delinea esta situación: “traduttoretraditore“. Los traductores son considerados traidores en tanto no pueden permanecer fieles a los autores originales. Pero tal sentencia no puede ser cierta. “No sé por qué siempre se piensa mal de los traductores“, se quejó una vez Jorge Luis Borges, escritor por partida doble. Además de sus historias, el autor de El aleph contaba la de otros, porque entendía la traducción como la reescritura de un original ajeno.

Márgara Averbach es Doctora en Letras y Traductora Literaria. Enseña literatura de los Estados Unidos en la UBA y traducción literaria en el Lenguas Vivas J. R. Fernández. Cuando describe su actividad,asegura que “reescribe” en castellano los libros que otros escribieron en inglés. “Para mí la traducción literaria es una escritura, sí, pero controlada, no del todo libre”, indicó en diálogo con Infobae.com.

Al momento de traducir una obra, la intención de Márgara es elegir una palabra que sea castellano, es decir “que no calque” al idioma original. El objetivo es que se respeten ciertas elecciones copiables del autor. “La traducción literaria no tiene que ser fiel solamente al contenido sino lo más posible a la forma también. Siempre cuento una anécdota de una traductora muy conocida, Inés Pardal, que en un congreso a la pregunta ‘¿Usted es literal cuando traduce?’ respondió ‘Cuando puedo, sí'”, agregó Averbach.

Pero este parámetro de lo copiable deja elementos afuera. “Se pierden las construcciones y los juegos de palabras que no se pueden traducir, que ‘pasan el límite de la traducibilidad’ por razones de comparación entre los dos sistemas. Creo que puede resumirse en eso. Por ejemplo, si un autor escribe un párrafo en el que cada palabra de la primera oración empieza con a y de la segunda con b, etc., eso se pierde todo. Solamente puede conservarse adaptándose totalmente y cambiando el sentido”, indicó.

Y una modificación de este estilo genera una historia nueva y este es justamente uno de los límites con los que se debe lidiar en la traducción.

Al fin de cuentas, el traductor es también escritor. Si bien está condicionado por un sentido al cual debe perseguir para no violar la intención del autor extranjero, la incompatibilidad de los términos lo obliga a tomar decisiones parecidas a las del aquel. Borges tenía razón al entender el oficio como una reescritura, que combina las dos ideas por las que está delimitado el oficio: la de repetir y la de crear. Yace aquí la oscuridad del trabajo del traductor, en tanto no posee la libertad del escritor a la hora de contar la historia pero tampoco puede anclarse a él sin desconfiar en que una actitud tal podría conllevar al error. En esta zona ambigua se maneja, donde la “traición” resulta obligatoria.

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Las herramientas de búsqueda (Por elartedetraducir.wordpress.com)

Quisiera compartir con ustedes un artículo muy bueno de Eva María Martínez (elartedetraducir.wordpress.com)

 

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la cantidad de herramientas que tenemos los traductores instaladas o almacenadas en nuestros equipos? Diccionarios electrónicos bilingües y monolingües, herramientas de TAO, glosarios, veinte mil reproductores con todo tipo de códecs, editores de HTML,  softwares de OCR, una lista bien hermosa de recursos de internet en forma de marcadores en los 3 ó 4 navegadores que tenemos instalados, tropecientas carpetas con todo tipo de referencias para los distintos proyectos en los que trabajamos, herramientas ofimáticas como Microsoft Office u OpenOffice…

Pues bien, junto a todo esto, está claro que no nos pueden faltar las herramientas de búsqueda. Todos conocemos las funciones de Buscar y reemplazar que traen incorporadas los procesadores de texto y las hojas de cálculo, pero imaginad que necesitamos buscar terminología en 200 archivos que nos ha proporcionado nuestro cliente como material de referencia para un encargo. Está claro que no podemos abrir archivo por archivo para usar una búsqueda individual, porque moriríamos en el intento (de hecho, yo muero solo de pensar en algo así). Es por ello que, en estos casos, necesitamos una herramienta que sea capaz de buscar información en lote; es decir, que se le pueda proporcionar un directorio de búsqueda y que, al introducir nuestra consulta, busque en esos 200 archivos en una sola pasada. Y si además es capaz de buscar en archivos con formatos diferentes (.doc, .odt, .html, etc.), pues mejor que mejor.

Para ello os recomiendo una herramienta que utilizo bastante y que conocí nada más empezar a trabajar: se trata de Examine32, una maravilla de programa que permite buscar en todo tipo de archivos y que además es muy fácil de configurar y de usar. Esta herramienta, además de buscar en archivos PDF, HTML, Word, RTF, XML y un largo etcétera, permite buscar incluso dentro de archivos ZIP sin descomprimir, lo cual es fenomenal para archivos comprimidos que contienen muchísimo material y que, de descomprimirlos, ocuparían mucho espacio en la carpeta.

Para buscar en Examine32 solo tenéis que meter en una carpeta todo el material de referencia que tengáis y, en Buscar en, ir hasta la ruta de esa carpeta. Quiero apuntar que en la carpeta principal podéis incluir subcarpetas, ya que el programa busca en todo lo que se encuentre dentro de la carpeta principal.

Hay dos modos de búsqueda: el simple y el avanzado. Podéis acceder al modo simple si pincháis en la lupa con la letra T (“Text search”), y al avanzado si pincháis en la lupa con el signo “+” (“Logical search”). Una vez hayáis seleccionado vuestro método de búsqueda, podéis configurar vuestras preferencias en el menú de la derecha. Esta es la vista que tendréis con la búsqueda simple:

Método de búsqueda simple en Examine32

Y esta es la que tendréis con la búsqueda avanzada:

Búsqueda avanzada en Examine32

Y ahora explico un poco las opciones del menú para que aprendáis a configurarlo.

GENERAL

En la opción General nos encontramos las casillas de verificación Search subfolders (Búsqueda en subcarpetas, que conviene tener activada) Match case (Coincidencia de mayúsculas y minúsculas), Regular expression (Expresiones regulares), Whole words (palabras completas, muy útil si estamos buscando una palabra corta que pueda formar parte de palabras más largas), y Search ZIP files (Buscar en archivos ZIP, ideal si tenemos material comprimido).

MODIFIED

Nos permite filtrar los archivos por fecha de modificación, también muy útil si sabemos que lo que buscamos se encuentra en archivos antiguos o nuevos.

FORMATS

Esta opción nos permite elegir los formatos en los que vamos a realizar la búsqueda. Lo más cómodo es que estén todas las casillas activadas.

LOOK IN

En qué parte de los documentos queremos buscar (podemos incluir cabeceras y pies de página, notas de final de página, texto eliminado, comentarios y texto oculto e incluso en archivos del sistema y archivos ocultos).

SHOW

Podemos elegir entre Matches (coincidencias) o Every file searched (Todos los archivos en los que se ha buscado).

Y como podéis ver, si elegís el método avanzado, podéis usar las condiciones AND, OR, NOT y XOR para hacer búsquedas por proximidad.

Una recomendación con respecto al programa: en archivos que incluyan etiquetas (como es el caso de los HTML), tendréis que hacer búsquedas parciales, ya que, muchas veces, el texto queda partido por la etiqueta y el programa no omite los caracteres < > entre los que se suelen incluir los formatos de HTML (como < b>, < i>, etc.). Por ejemplo, si estáis buscando una opción de software, es posible que tengáis que buscar solo una de las palabras o incluso parte de las palabras, ya que a veces las etiquetas no están colocadas correctamente en el original (por ejemplo, si buscáis la opción < b>Change log< /b> puede que tengáis que probar con diferentes combinaciones, ya que a lo mejor en el código original está como Ch< b>ange log< /b> o < b>Change lo< /b>g. ¡Os lo digo por experiencia propia!)

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Cubano Jaime López gana en Rusia premio de traducción

Moscú, 28 oct (PL) Por segundo año consecutivo, el camagüeyano Jaime Avelino López García ganó la máxima distinción en la categoría de traducción al ruso del concurso internacional La Pluma de Oro, informaron hoy fuentes diplomáticas.
La ceremonia de premiación se realizó en la Casa Central del Literato de Moscú y el premio, auspiciado por la Unión de Escritores de Rusia, fue recogido en su nombre por la representante cultural de la Embajada de Cuba en este país, Marta Carreras.
Alcanzar este premio para alguien que no tiene el ruso como lengua materna, ni vive aquí y sin motivaciones económicas, pues no se trata de un premio en metálico, denota una huella profunda de amor a Rusia, su cultura y su pueblo por este cubano, señaló.
La competición data de hace una década y comprende varias categorías a concursar, siendo la prosa y la narrativa las de mayor frecuencia de participantes.
Hasta hace tres años los concursantes eran por lo general de origen ruso o eslavo, hasta que llegó la primera traducción de un cubano con una obra de su autoría “Cuentos para Laura”, basada en relatos populares de una de las etnias de la Federación de Rusia.
López García ha sido premiado desde su primera participación, y en las dos últimas ediciones se alzó con el primer lugar con las traducciones de los ensayos La cultura rusa en José Martí (2010) y Reinas rusas en una isla en el golfo (2011).
“Es importante recordar que las naciones que van por el mundo sembrando amistad y solidaridad, ayudando a otras a crecer en paz, cosechan amores como el de Jaime López, expresión del cariño y el respeto que sentimos los cubanos por el pueblo ruso”, concluyó.
A la ceremonia asistieron artistas e intelectuales de numerosas regiones de Rusia, diputados regionales y federales, la embajadora de Serbia y representantes de Alemania, Armenia, Canadá, Cuba, Bulgaria y Estados Unidos. (PRENSA LATINA)

 

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=435535&Itemid=1

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